Una gran lección
2 enero, 2018 Comparte

Una gran lección

Cualquiera podría pensar que el talento es indispensable o es lo que marca la diferencia entre ser o no destacado en un área. Son muchas las historias de empresarios, científicos, artistas, oradores, y deportistas de éxito que han dejado una huella indeleble en cada uno de sus ámbitos de acción y su principal fortaleza no ha sido el talento.

En los deportes es muy común escuchar sobre el talento. Un experimentado ex-jugador o deportista ve a alguien y solo con observarlo en acción puede saber si tiene el talento para llegar lejos, es una suerte de regalo divino que tienen unos privilegiados. Así se manejó hace años el mundo del deporte, ahora está claro que no es así, el talento no es suficiente.

En el sector inmobiliario, como en otros, se aplica el mismo principio. Un experto en ventas, por ejemplo, es el encargado de contratar nuevos prospectos, él ve su comportamiento, su desempeño y en base a su apreciación subjetiva decide quienes son los mejores para contratar. El resultado no es otra cosa que lo que se produce cuando una moneda al aire, cualquier cosa puede suceder y quienes fueron escogidos por su talento no tienen la disciplina para soportar la presión propia del trabajo y terminan haciendo perder ventas a la compañía, además de hacerles perder tiempo y dinero invertido en su formación.

El mundo del deporte nos dio una excelente lección y por eso ahora el trabajo de los consultores está tan de moda. El talento es muy importante; pero es solo una parte del paquete del éxito. Sin trabajo, paciencia y mucha disciplina el talento solo funciona en el mundo de la suerte y por un tiempo corto, del que después de haber alcanzado la gloria se cae con la misma facilidad y rapidez con la que se llegó a la cima.

Hay una película que está basada en la vida real, titulada Moneyball, en español como “El juego de la fortuna”. En ella se habla de un jugador que tenía talento y su carrera se vio truncada, luego decidió entrar al campo administrativo del deporte, que era el béisbol, era el gerente de los Oakland Athletics, un equipo modesto. Como costumbre, el equipo tenía a expertos busca talentos que tenían ese don de saber quién sería bueno y quien no con solo verlos en acción, estos expertos eran generalmente ex-jugadores reconocidos.

Comenzaron la temporada y contrató como asistente a un economista con muy buenas calificaciones. Este le hizo ver que el desempeño de los equipos era un asunto que tenía que ver más con los números, es decir; las estadísticas, que con la magia que rodeaba al proceso de contratación de jugadores y el juego en sí. Nadando a contra de la corriente, comenzaron a hacer uso de las estadísticas para contratar a jugadores en función de su desempeño en cada posición y en cada momento del juego, el resultado tardaría en llegar, los cambios en el nuevo esquema no estaban dando resultado, conflictos internos por la nueva forma de trabajar hacían daño al equipo.

Ocupaban el último lugar y parecía que jamás lograrían; pero como por arte de magia todo comenzó a funcionar, después de todo estaba funcionando. Llegaron a la post temporada con cifras récord en juegos consecutivos ganados, el equipo no llegó a hacerse con el campeonato. Sin embargo, había demostrado que este nuevo método daba buenos resultados.

 

En la cinta y después de haber logrado tanto con tan pocos recursos, el gerente, interpretado por Brat Pitt, es llamado por los Red Sox de Boston y le ofrecen un salario que lo pudo convertir en el gerente mejor pagado; pero no aceptó y siguió dirigiendo su equipo por mucho menos dinero. Dos años más tarde el equipo de los Red Sox se alzaba con la Serie Mundial usando el método.

La moraleja es que el talento ciertamente es un don, es algo divino; la disciplina en cambio es humana y permite alcanzar lo que parece imposible.